miércoles, 5 de abril de 2017

Un abismo entre la teoría y la práctica


Los ciudadanos están más y mejor informados sobre los problemas que acechan al medio ambiente. Asuntos que hace años eran de interés minoritario son hoy cuestio­nes centrales o de interés general (como el cambio climático, la desaparición de especies, la contaminación química...). Pero en el reverso de la moneda está el hecho de que muchos indicadores ambientales han ido a peor. “Aumentan el conocimiento y la información, pero crece el abismo entre lo que sabemos y la inercia del sistema en lo económico, lo político y las opciones de consumo. Todo ello hace difícil que las opciones ecológicas se abran paso. Aumenta el consumo ecológico, pero en conjunto crece mucho más el consumo antiecológico”, apunta el filósofo Jordi Pigem.

Hemos hecho bastantes progresos en ahorro de agua y de energía, la separación de residuos o en buenos hábitos de consumo, pero son insuficientes para revertir la situación a escala global. “Predomina la tendencia a mirar hacia otra parte, a hacer oídos sordos y a esconder la evidencia bajo la alfombra del optimismo tecnocrático, en espera de que algún milagro nos permita seguir adictos al materialismo”, dice Pigem.

Hay que hablar claro a la gente sobre la gravedad de las consecuencias de continuar con nuestros actuales modelos de vida basados en energías fósiles y sobre la necesidad urgente de adoptar nuevas pautas en el transporte, la agricultura industrial o las formas de alimentarnos y de desplazarnos... que permitan mitigar los efectos de un cambio climático que ya está en marcha.



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